OLVIDADO...
SAN MARTIN LEJOS DE SU PATRIA Y ODIADO....
POR QUIENES NO LES CONVENIA EL IDEALISMO DE MAYO DE 181O
Dijo San Martin de Belgrano
Estos dos grandes hombres de nuestra historia se conocieron
personalmente en la reunión que mantuvieron en la Posta de Yatasto, sin embargo
existía entre ellos, una profusa comunicación epistolar previa, surgida a
instancias de José Mila de la Roca, amigo de ambos y secretario de Belgrano en
la expedición al Paraguay. He sido completamente batido
en las pampas de Ayohuma, cuando más creía conseguir la victoria; pero hay
constancia y fortaleza para sobrellevar los contrastes, y nada me arredrará
para servir, aunque sea en clase de soldado por la libertad e independencia de
la patria. Somos todos militares nuevos con los resabios de la fatuidad
española, y todo se encuentra menos la aplicación y constancia para saberse
desempeñar. Puede que estos golpes nos hagan abrir los ojos, y viendo los
peligros más de cerca tratemos de hacer otros esfuerzos que son dados a hombres
que pueden y deben llamarse tales. Cuando
se enteró que el gobierno había nombrado a San Martín en su reemplazo, se
alegró y le escribió: Mi corazón toma aliento cada instante
que pienso que Ud. se me acerca, porque estoy firmemente persuadido de que con
Ud. se salvará la patria, y podrá el ejército tomar un diferente aspecto.
Empéñese Ud. en volar, si le es posible, con el auxilio, y en venir no sólo
como amigo, sino como maestro mío, mi compañero y mi jefe si quiere, persuadido
que le hablo con mi corazón, como lo comprobará la experiencia. Animados por estos generosos sentimientos, se dieron por
primera vez en Yatasto el abrazo histórico. San Martín se presentó a Belgrano
poniéndose a sus órdenes; éste lo recibió como su maestro y sucesor. Sin
embargo, San Martín se dio cuenta rápidamente de las cualidades morales de
Belgrano y se negó a reemplazarlo, pero debido a la presión del gobierno debió
asumir la jefatura del ejército. Belgrano se puso a sus órdenes dando el
ejemplo al ir a recibir humildemente las lecciones de tácticas y disciplina. A
partir de ese momento, la simpatía nacida a través de cartas se transformó en
mutua admiración. Belgrano murió convencido que San Martín era el genio tutelar
de la América del Sur. Hasta sus últimos días, San Martín honró la memoria de
su ilustre amigo como una de las glorias más puras del nuevo mundo.

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